El mejor cómplice del poder: el silencio

La lógica más elemental unida a la indignación popular han hecho que en Grecia tengan que absolver al periodista que publicó la lista de los delincuentes que evadían cifras milmillonarias al fisco de ese país. ¿Qué menos? Si queremos higienizar la situación de la nación, política y económicamente, habrá primero que desenmascar las causas del desastre, es decir, el espolio clandestino y continuado de unos cuantos al erario público. Me gustaría que eso fuera un ejemplo que se siguiera en países como el nuestro, que tan de cerquita estamos siguiendo los pasos de Grecia. Pero me temo que las barreras que hay que superar son aún de acero y hormigón en nuestro querido país para poder acceder a una situación de libre información y con ello, de posibilidad de denuncia. Aquí lo peor es que la corrupción política ni siquiera se esconde, y sigue ofreciéndose a nuestros ojos sin que nada cambie. ¿Beneficiarán los catalanes con sus votos a un presidente que ha ido a Moscú en plena campaña a hacer patria alojándose con su mujer (que será una santa la señora) en un hotel a 1600 euros la noche? Y al final para nada porque no ha podido cerrar ni un solo contrato de los que esperaba. Se hace necesario la mediación del Ministerio de Asuntos Exteriores para cualquier tipo de transacción empresarial internacional. Pero bueno, se lo habrán pasado bien en el viajecito. El caso de Andalucía, que es el que más conozco, mira por dónde, es el ejemplo perfecto de mafia institucional, y como tal, dispone de una infraestructura, a la vez que de una supraestuctura, que costará mucho sudor y valentía desmontar, y que tras treinta años de dominio, no va a ser fácil deshacer. Estamos aletargados, adormecidos o narcotizados de tal manera que no se hace visible ni un amago de rebelión que haga cambiar el orden de las cosas. A nadie le subleva, o también quizá porque pocos saben de datos que en otras latitudes recibirían en medio del escalofrío. Pongamos por ejemplo que la troika se entera de que el anterior presidente de la Diputación de Cádiz recibía ¡tres millones de euros! de libre disposición anuales, como suena, para lo que él quisiera y sin tener que justificar ni un céntimo. Pongamos por ejemplo que se enteraran de que una ministra gaditana, que por su propio cargo de ministra vivía en la corte de Madrid, se desplazaba en avioneta los fines de semana para venir a la tierra que la vio nacer y que la encumbró a los altares a tomarse el pucherito de mamá. Y es que con su sueldo de ministra no le llegaba a la pobrecita asalariada para coger ni siquiera el AVE en preferente. El presidente finlandés vino a reunirse con Rajoy y lo hizo en un vuelo regular y por tanto en un avión rodeado de turistas. Y sin un solo asesor particular porque no los tiene. Los informes que necesita para sus visitas al extranjero se los hace un funcionario que para eso están. Por ejemplo, cuando fui a visitar la ampliación de la línea del tren de Jerez que ya llega al aeropuerto, una pequeña obra que consistía en añadir unos cuantos raíles a la vía, se presentó una comitiva de coches de alta gama con sus altos cargos y acompañantes que me recordó a los ministros marroquíes cuando se desplazan con todo su séquito de vasallos y coches llenos de banderolas. Por supuesto por ir de Cádiz a Jerez ya cobran sus dietas porque no les da tiempo de volver a sus casas a comer. Se comprende, la distancia es insuperable. Por poner por ejemplos podríamos llenar miles de páginas de por ejemplos que estarían bien que se fueran llenando poquito a poco por unos y otros, por todos los que algo saben, por todos los que algo han presenciado. No sería necesario ni hacer grandes investigaciones, sólo con que cada uno de nosotros que sabe algo, hiciese una pequeña aportación a la descripción de la infamia, por pequeña que fuera, escribiríamos la Enciclopedia Espasa de lo que pasa.  Es más, debería tomarse como un deber moral hacer público lo que se conoce de cualquiera de las maneras de las que disponemos, aún cuando sepamos que todo esto no nos va a abrir precisamente muchas puertas sino más bien lo contrario. Pero es la elección, o denunciar, o ser cómplices con nuestro silencio de la permanencia de las tiranías.

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