Sin periodistas…

Desde que comenzó la destrucción acelerada del empleo en España han desaparecido casi 8000 puestos de periodista;  en 2012 han sido 3039, y sólo en el último trimestre que aún no ha terminado, van 1619. Estos son datos de la FAPE, que de momento deja fuera de las estadísticas a todos aquellos compañeros que en estos momentos negocian su ERE.

Habrá quien diga que cada sector de trabajo tiene tanta importancia como los demás, y que los medios de comunicación no iban a ser ajenos a la megacrisis que sufrimos. Pero, lo admitan algunos o no, hay que reconocer que sectores como el de la construcción tenían todas las papeletas para sufrir el pinchazo que han sufrido, y que por otro lado el propio sistema de autorregulación del mercado, en situaciones normales, determina qué puestos sobran o son demandados en cada momento.

Los periodistas no sobran. De ninguna de las maneras. Un vistazo a los medios de comunicación por dentro deja ver el desprecio brutal que los empresarios llevan demostrando a la ética periodística que exige que la información sea tratada con el rigor y la profesionalidad que siempre se nos exige y se nos presupone en nuestra calidad de servidores públicos que es lo que somos. A día de hoy existen medios que cubren casi la totalidad de la carga de trabajo con becarios, estudiantes en prácticas y colaboradores externos a los que para no tenerlos en plantilla se les obliga a ser colaboradores free-lance, un eufemismo muy chic para decir que tú te lo guisas y tú te lo comes. Te pagas tu propia seguridad social y te las entiendes con Hacienda, pero eso sí, bajo las exigencias de estar dispuesto las veintisiete horas del día, los ocho días de la semana, y con esa capacidad que le presupone al periodista para estar cubriendo la información en todos los sitios a la vez y sin perderte nada. Envía streamings, vídeos, textos, audios, todo a la vez y vuela de un sitio a otro de la ciudad con esa capacidad que tenemos que se llama omnipresencia. Las consecuencias de este sistema de explotación y degradación profesional se ven a las claras, un periodismo que no puede mantener los estándares de calidad que la ciudadanía y el sistema democrático requiere. ¿Cómo se van a ofrecer reportajes de investigación o seguimientos en profundidad de los casos que precisamente ahora atañen más que nunca, en estas condiciones? Esto además trae su contrapartida. Los políticos ven esta situación y ya hace tiempo que no pierden tiempo en entrevistas, sólo ofrecen ruedas de prensa si preguntas, y algunos ni eso.

A las cúpulas directivas de muchos medios no parece importarles lo más mínimo el futuro de un trabajo que siempre se ha considerado esencial para que el individuo pueda obrar en consecuencia y tomar decisiones libres, algo que sólo puede conseguirse con una buena información. La falacia de que la culpa de todo la tiene internet y las nuevas redes de información es una patraña que ya no nos hace ni gracia. Es cierto que la reconversión digital está siendo brutal con los medios informativos, pero también es verdad que las posibilidades que ofrecen no son ni quieren ser convenientemente aplicadas a la nueva realidad. Sí, es verdad que tenemos el twitter, los crowdings bloggers y todo eso del periodismo ciudadano de lo que aquí no quiero ni hablar.
Pero me consta que la sociedad se va resintiendo de una carencia que nos afecta a todos, la calidad en la producción y flujo de la información es un requisito irremplazable en democracia. Sin ello no hay posibilidad de tomar conciencia, y por tanto de decidir e intervenir en las tomas de decisión que a todos nos incumbe.

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